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¿Qué es la minificción?

22/03/2008 13:12:00
¿Qué es la minificción?¿Qué es la minificción?

El género atraviesa un periodo de vitalidad

  • De acuerdo a Lauro Zavala, la minificción se trata de una nueva forma de aproximarse a la literatura. Género consiso, antisolemne, irónico y lúdico que vive su hora de esplendor en Hispanoamérica.
"Constituye un modo de mirar y de ver contemporáneos. Es interactiva, posee la liviana concisión de los medios electrónicos, carece de solemnidad, ironiza sobre todo (hasta sobre sí misma) y, a la vez, puede revelar verdades muy profundas", opina el argentino Raúl Brasca.

Al auge de la minificción ha contribuido de manera indirecta internet, al favorecer un nuevo "clima de lectura" que privilegia la brevedad.

Organizador del primer Coloquio Internacional sobre Minificción hace ya una década, Zavala afirma que es un género que nació y se ha desarrollado casi exclusivamente en Hispanoamérica.

Tan temprano como 1917, se publicó el primer libro de minificción: Ensayos y poemas de Julio Torri (Saltillo 1881 1970), con ensayos poéticos, de menos de una página, cargados de ironía como A Circe.

Hacia la mitad del siglo 20, agrega, la microficción prendió con fuerza en Argentina: Bioy Casares, Borges, Cortázar y Denevi. México aportó en esos años a Arreola y a Monterroso (guatemalteco hondureño-mexicano). Cuba dio a Piñera. Y luego se extendió con rapidez en toda Latinoamérica.

"¿Por qué en Hispanoamérica? En lengua española se da gran importancia al lenguaje, incluso fuera de la literatura, con juegos de palabras y albures. El lenguaje es el protagonista y cada minificción es una relectura de la historia literaria", explica Zavala.

El género atraviesa ahora por un periodo de gran vitalidad, con una "producción explosiva y un corpus abundante". Y es objeto de antologías, ensayos y coloquios, como el 5 Quinto Congreso Internacional de Minificción, a celebrarse del 10 al 12 de noviembre en Patagonia.

"Creo que nuestro idioma se presta a un regodeo con las palabras, un juego sutil donde se cruza la austera precisión de un Borges con el desborde imaginativo del realismo mágico. Encapsulado todo", reflexiona la argentina Luisa Valenzuela.

Ana María Shua discrepa de la idea de la minificción como género nuevo y recuerda que ha estado presente en otras tradiciones como la lengua francesa.

"Es un género muy antiguo, presente en la literatura oral", dice la escritora argentina. "Cuando desperté a la lectura, la minificción ya estaba allí".

En la microficción pueden caber todos los géneros posibles e incluso formas ajenas a la literatura como el instructivo, como demostró Cortázar en Historias de cronopios y de famas con las Instrucciones para llorar.

"Es un género lúdico, se juega con la idea misma de género, de lo literario y lo no literario. ¿Dónde está la frontera? En cada lector", puntualiza Zavala.

Los límites en cuanto a su extensión también son relativos. Lo determinante es que puede ser leído en el espacio de una página, ya sea manuscrita (250 palabras) o impresa (400 palabras).

Hay casos de minificciones de una palabra como Dios de Sergio Golwarz, publicado en Infundios ejemplares, o incluso ninguna como El fantasma de Guillermo Samperio.

"Es mejor no hablar de un número de palabras sino del espacio de una página impresa convencional (...) La minificción nos recuerda el poder ilimitado de leer una página escrita", añade Zavala.

Pero ¿cómo puede el lector diferenciar una minificción del aforismo, el chiste u otras formas breves?

"Lo característico de la microficción es su capacidad para disparar sugerencias múltiples en la mente del lector. Para ello se vale de la ambigüedad y de modos oblicuos de expresión como la ironía, que apuntan a que lo que parece ser no sea, o no se sepa con seguridad si es o no es. De ahí que la paradoja y la parodia sean tan frecuentes. También lo es el doble sentido, en cuyo caso se acerca peligrosamente al chiste. En este límite, el trabajo con las palabras es lo que determina la diferencia", explica Brasca.

A diferencia del aforismo que persigue la revelación de un saber y depende de que el lector reconozca repentinamente en él una verdad, la microficción no pretende enseñar nada a nadie, agrega.

"Sin embargo, la microficción puede adoptar el formato del aforismo, pero para parodiarlo. Lo mismo suele hacer con la definición, la noticia periodística, etcétera", expone.

Si bien toda obra literaria requiere de la participación del lector, en la minificción resulta crucial pues requiere de su cultura e imaginación para llenar los vacíos de información.

"Además de sus valores intrínsecos, una microficción será tanto mejor como mejor sea su lector", remata Brasca. Shua lo explica con una minificción de tres palabras: "Terremoto busca profeta", que requiere que el lector sea consciente de las complejas relaciones entre los profetas y las catástrofes naturales.

Más información: Reforma.com



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