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México, Puebla.- “¿En un contexto de violencia en el que las instituciones se han corrompido y las leyes son fácilmente manipuladas, cómo podemos defender los Derechos Humanos?”, se pregunta el Nodo de Derechos Humanos (NODHO).
En su libro “Defenderse para resistir”, recién presentado en la ciudad de Puebla, la organización explica que los Derechos Humanos se han convertido en una herramienta civil y pacífica para denunciar, enfrentar y resistir ante las injusticias cometidas dentro de la existencia del Estado.
El documento de 35 páginas, publicado por la editorial “Pez en el árbol”, el NODHO retoma el origen del concepto de Derechos Humanos y sus distintas funciones como una herramienta paliativa, reivindicativa y de resistencia.
La primera generación de los Derechos Humanos son los de libertad, como los de la Revolución Francesa de 1789 y la Independencia de México de 1810. Entre ellos están la libertad personal, de pensamiento, de expresión y de asociación, e libre tránsito, la justicia, la vida, la integridad física, la nacionalidad y el matrimonio.
Los de segunda generación son los de Igualdad, como en la Revolución Mexicana de 1910 y la Rusa, de 1914, y comprenden los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (DESC): propiedad, seguridad económica, vivienda, educación, seguridad social, trabajo justo, huelga y participación de la vida cultural del país.
La tercera está conformada por los Derechos de Solidaridad, iniciada en los movimientos sociales desde 1968 y hasta ahora. Estos son la paz, la autodeterminación, el beneficio del conocimiento del patrimonio común de la humanidad y el tener un medio ambiente sano.
Una de las interrogantes que plantea el NODHO es para qué y cómo defender los Derechos Humanos, que son tomados por muchas organizaciones y movimientos como un camino para construir a una sociedad justa, y “se convierten en el sentido ético de la justicia, convirtiéndose así en la razón misma de su defensa”, como se explica en “Defenderse para resistir”. Cuando son tomados como “el sentido de justicia por excelencia” se reajustan las prácticas institucionales y los marcos regulatorios en esta materia.
Uno de los problemas principales es cuando los Derechos Humanos se utilizan como un discurso legitimador para contrarrestar o compensar “la brutalidad del Estado”. El libro pone como ejemplo la Iniciativa Mérida, donde el gobierno estadounidense da recursos a México para las fuerzas armadas con lo que continúa la violencia, pero una muy pequeña parte de la cantidad se da a organizaciones de defensa y promoción de los Derechos Humanos.
El tercer apartado del libro del NODHO, titulado “¿Cómo trabajar los Derechos Humanos?” explica que una violación a éstos es una “transgresión gubernamental de derechos garantizaos por leyes o normas nacionales, regionales o internacionales sobre los Derechos Humanos” y también todas las omisiones o acciones por parte del Estado y todos sus miembros que las incumplan. Una infracción es cuando un particular o un grupo de éstos agrede, violentando los derechos. Generalmente éstas son también un delito, pero se consideran una violación cuando el Estado se convierte en cómplice del agresor.
Un grupo de Derechos Humanos puede intervenir en la documentación, explicando los hechos y el contexto, o de manera indirecta, sin tener un contacto directo con los actores, y generalmente son funciones preventivas que consisten en la promoción, observación e investigación.
Cuando hay una intervención directa es en caso de que ya se haya presentado una infracción o violación, y ésta puede ser de protección –como cuando hay infracciones para evitar que puedan convertirse en violaciones a los Derechos Humanos–; de denuncia, al convocar a acciones urgentes de un grupo que hace la denuncia y la difunde a más grupos a nivel local, nacional e internacional, y de defensa, basada en los ejes jurídico, mediático y organizativo.