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Redacción.- Los periplos largos en el espacio, como un viaje a Marte, expondrían a los astronautas a radiaciones que aceleran el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer, muestran experimentos realizados en laboratorio con ratones.
“Los riesgos para la salud por la exposición a la radiación en el espacio, como el cáncer, se conocen desde hace tiempo”, señala el doctor Kerry O'Banion, profesor de Neurobiología en el Centro Médico de la Universidad de Rochester, en Nueva York, y autor principal del estudio publicado en la revista científica PLOS ONE.
“Pero este último estudio muestra por primera vez que estar expuesto a niveles de radiación equivalentes a una misión a Marte podría producir efectos cognitivos nefastos y acelerar los cambios en el cerebro asociados con la enfermedad de Alzheimer”, añade el investigador.
Ratones y acelerador de partículas
En la Tierra o en la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés) en órbita terrestre baja, el campo magnético del planeta nos protege de un constante bombardeo de partículas radiactivas procedentes del espacio exterior. Pero para estadías prolongadas en el espacio exterior actualmente existen pocas maneras de protegerse, un peligro que preocupa a las agencias espaciales, aun cuando no existen, por el momento, misiones tripuladas de larga distancia programadas.
El viaje de ida y vuelta al planeta rojo podría tomar hasta tres años.
Los investigadores han estudiado sobre todo el impacto de una forma de radiación de partículas de gran masa y alta energía propulsadas a una gran velocidad en el espacio por explosiones de estrellas lejanas. Los autores del estudio reprodujeron en un acelerador de partículas del Laboratorio Nacional de Brookhaven, en Nueva York, esta radiación cósmica y se sometió a ratones a niveles comparables a los que afectarían a los astronautas durante una misión a Marte.
Los ratones expuestos a la radiación han fallado a menudo en las pruebas de memoria, lo que sugiere que sufrían de la degeneración neurológica que afecta normalmente a los animales más viejos. Los cerebros de estos roedores también mostraron signos de deterioro vascular y una acumulación más alta que la normal de beta amiloide beta, una proteína que al acumularse, forma placas que sofocan a las neuronas, una de las principales características de la enfermedad de Alzheimer.
(Con información de lefigaro.fr)