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Puebla, México.- Basta observar las calles para percatarse de la velocidad con la que desfilan miles de personas que apresuran el paso para llegar a sus destinos, desgastando el asfalto de manera casi imperceptible. También nos podemos percatar de esas armaduras para los pies grandes, los chicos o los de talla regular: los zapatos.
La variedad de estos objetos hacen pensar a más de uno en las posibilidades que existen para modificar un elemento que, por sencillo que parezca, forman parte indispensable del día a día de la sociedad contemporánea.
Tenis, choclos, zapatillas, botas, bostonianos; zapatos de entrenamiento, de ballet, para escalar o correr, de esos que tienen una cápsula de aire para amortiguar los pasos, forman parte de esa lista variopinta.
Pero qué sería de los zapatos sin su hospital, esos establecimientos adornados con agujetas, clavos y pegamento; martillos, cortadores y agujas.
En Puebla existe una famosa renovadora de calzado que “opera” desde hace 88 años: La Reforma. El establecimiento abrió sus puertas en 1925, en la esquina de la 2 Oriente y 4 Norte, en el Centro Histórico de la ciudad de Puebla. Su fundador, don Francisco Alonso, decidió colocar tapas y suelas, así como tacones al calzado que recorría la ciudad, para ganarse la vida.
Víctor Manuel San Vicente, actual encargado del negocio, al recordar sus experiencias habló sobre los momentos que le han tocado vivir en La Reforma, donde diariamente arregla zapatos:
“Mi época más mala fue cuando se inició el famoso Tratado de Libre Comercio (TLC), en los años noventa. En ese entonces dejaron pasar zapatos chinos o coreanos, creo que costaban 10 pesos. En esa época cobraba 25 por unas suelas enteras y la gente decía ‘no, pues mejor me compro unos de 10 pesitos; aunque estrene yo cada mes, me sale más barato que mandar a reparar mis zapatos’.”
Por sus manos han pasado diversos estilos de calzado, el cual cambia según los gustos de la época:
“Ahorita los zapatos nada más tienen pura vista, son muy bonitos, pero son muy frágiles. Hay veces que las personas dicen ‘no vale la pena, mejor me compro unos nuevos’; pero hay zapatos también muy finos que valen la pena repararlos.”
Y usted, ¿tiene algún par de zapatos que desee arreglar?