La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés) instauró desde 1993 el 21 de febrero como “Día Internacional de la Lengua Materna“, decretando que los Gobiernos tienen la obligación de “promover la preservación y protección de todos los idiomas que emplean los pueblos del mundo“.
Con esta iniciativa, el organismo busca promover el plurilingüismo, además del rescate de las lenguas autóctonas, pues éstas son el principal instrumento para conservar el patrimonio de ciertas culturas. México es un caso importante, pues todavía se hablan más de 60 lenguas indígenas, y específicamente en el Estado de Puebla cinco de ellas: náhuatl, mixteco, popoloca, totonaco y otomí.
El licenciado en historia José Abraham “Coyopochtli“ Méndez aprendió náhuatl a los 15 años en la Junta Auxiliar de La “Resurrección“. Dice que tardó dos años en dominarlo bien y desde entonces entiende muchas más cosas del español que se habla en México, pues palabras como “tocayo“, “apapachar“ y“ cuate“ tiene sus orígenes en el náhuatl. Tocayo, explica, viene del náhuatl tocai, que es nombre, significando entonces “el que tiene mi nombre“, mientras que coatl es serpiente o gemelo, y de ahí se deriva cuate.
Destaca que aunque todavía hay generación de niños entre 13 y 15 años en La Resurrección que hablan su lengua materna, las nuevas generaciones ya no la aprenden; las personas salen más a la ciudad o emigren y no encuentran una utilidad práctica al idioma.
Este día, la UNESCO debe, además de buscar darle su lugar a las lenguas –pues muchas veces se les menosprecia considerándolas dialectos, o poco útiles–, debe buscar crear mayores espacios de utilidad para los que son bilingües, así como crear conciencia en la gente para que entienda que hablar maya o zapoteco no es menos importante que inglés o francés, opina el historiador.
José se siente orgulloso de hablar náhuatl, y aunque ni sus familiares ni él son hablantes nativos, considera que las lenguas indígenas han sobrevivido y provienen de tradiciones milenarias, por lo cual hay que rescatarlas.