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Puebla, Puebla.- La tarde de este miércoles (30 de enero de 2013), falleció un personaje histórico de la vida contemporánea de la ciudad de Puebla, que vivió durante los siglos XX y XXI, se trata de Rosa María Senorina Candia Andrade, quien en los últimos 47 años de su vida fue nombrada como una poblana distinguida en materia de gastronomía, a quien se le conoció como "La Güera" de las cemitas, que por décadas comercializó en el Centro Histórico.
Doña Senorina Candia supo erigir una empresa vendiendo uno de los alimentos compuestos más populares de Puebla y que forma parte de la identidad de los poblanos; la marca fue “La Güera”, el eslogan “todo el sazón de una madre”, y es que en los últimos 10 años diariamente vendía de 100 a 200 cemitas, en el portón de la calle 7 Oriente, esquina con la 16 de Septiembre.
Vale la pena brindar un homenaje, al relatar su historia de vida: a los 22 años, después de la muerte de su esposo doña Senorina se vio en la necesidad de trabajar para sacar adelante a sus hijos, que eran niños; fue entonces cuando una vecina le recomendó vender cemitas, al decirle que “lo que es la comida y la ropa, siempre se vende”, tal vez nunca sabremos el nombre de la vecina pero así, la Güera, descubrió una manera de vivir a través de su sazón.
El primer día, que ocurrió probablemente en la década de los sesentas del siglo XX, se decidió a preparar y llevar en un canasto con 50 cemitas a un edificio localizado en la calle 5 poniente, entre 2 sur y la avenida 16 de septiembre, inmueble que ahora ocupa el Tribunal Superior de Justicia del Estado, algún conocido le brindó un permiso de palabra y logró vender su producto, que en ese entonces se comercializó en 15 centavos.
Los ingredientes no cambiaron, ni el tamaño, pues se trata de mini cemitas de chile chipotle relleno de queso, picadillo, galantina, mole poblano, pipián, papas con rajas y chicharrón en salsa. Sin embargo el sabor pasó literalmente de boca en boca hasta que fue necesario llevar más de cincuenta al día.
Paso el tiempo y su comida, para muchos, se hizo costumbre, luego tradición y ahora su historia es leyenda. Por su edad y las enfermedades que la aquejaron, su hija, Irma Galán, y una de sus nietas (tiene nueve nietos), le ayudaban diariamente. De esta forma la historia tuvo un final feliz, con mucho esfuerzo, ya que sus hijos, un hombre y tres mujeres salieron adelante.
En el año 2006 el Ayuntamiento de la capital la nombró como una de las 475 personas distinguidas, en el aniversario 475 de la fundación de la ciudad de Puebla.