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Quienes sentimos aversión por volar nos hacemos la misma pregunta cuando pasamos junto al piloto que nos recibe al abordar: ¿estará borracho?
El tema de la película El vuelo, de Robert Zemeckis, trata justamente de un piloto que, luego de aterrizar de forma espectacular un avión y tener el mínimo de muertos en el accidente, es sujeto a investigación al resultar positivo un examen toxicológico debido al consumo, unas horas antes de despegar, de alcohol y cocaína.
Este tema ya se había tocado en el cine hace algunos años en una película llamada El piloto (1980), una adaptación de una novela del mismo nombre escrita por Robert P. Davis y protagonizada por un creíble Cliff Robertson (el tío Ben Parker de Spiderman, de Sam Raimi, para mayor referencia de los menores de 40 años).
Y evitando a toda costa el hacer las comparaciones (que por cierto, dicen ser odiosas) es inevitable dada la abismal diferencia de abordar el tema de una forma menos cursi y previsible contra lo que nos presenta Robert Zemeckis, quien por cierto dejó momentáneamente la animación para regresar a la acción real.
“Amor en el aire, que nació del aire”
Zemeckis decide entrarle al tema del alcoholismo de una forma aleccionadora en la que mezcla mañosamente religión, sociedad y las consecuencias que por minutos parecieran pasar desapercibidas, pero que con dedo acusador nos avienta a la cara esa máxima de vida que dice: “todo en la vida se paga”.
Luego de una espectacular secuencia del accidente del avión desde el despegue hasta su caída, la película cae una soporífera moralina que nos presenta una serie de personajes y situaciones comunes que tratan de dar contexto al personaje de Denzel Washington, con tan mal tino que inevitablemente nos recuerda a lo que vimos en Adiós a Las vegas.
Secuencia tras secuencia vemos a un Washington tratando de comunicar algo diferente a lo que ya le conocemos de sus otras películas, y si bien es cierto que por momentos logra hacernos olvidar que se trata de él, desprenderse de su comercial modo de “actuar” lo obliga de forma automática a regresar a sus modos y clichés acostumbrados. Lo que no ocurre con John Goodman, que no hace sino una caricatura de su personaje al imitar a Jeff Bridges en sus papeles en Big Lebowski y Men staring at goats, de una forma burda y poco afortunada.
Pero esto no es lo peor - incluido el predecible, mojigato y cursi final que si se los contara de todas formas lo habrían adivinado a 10 minutos de terminar el filme -, sino la forma en la que Zemeckis pretende contar el drama de la película y termina haciéndonos confirmar que el director tiene serios problemas con su tendencia republicana.
“Vuela vuela, no te hace falta equipaje”
La presentación de los personajes principales no deja duda del final que van a tener. Una mirada sórdida del ambiente en que se mueven sin que haya una justificación moral por medio de la lente. Simplemente sobrevivientes de sus excesos y de cómo los sobrellevan en el día a día.
Y sin “darnos cuenta”, las lecciones de moral empiezan no bien termina de caer el avión luego de que este derriba el campanario de una iglesia a todas luces presbiteriana.
La conveniencia y cinismo del alcohólico capitán del avión, personaje de Denzel Washington, choca constantemente con las señales de orden y moral republicana que aparecen durante toda la película a veces evidente, otras sutiles y con un dejo de consecuencia paternal.
El mensaje se puede resumir en:
a) Si vives sin arrepentirte de tus faltas a la familia y la sociedad -continuando tu vida sin buscar la redención y haciendo oídos a los que te rodean y que tratan de que, con falsos testimonios, salgas adelante con tus problemas, adicciones y viviendo en la más patética soledad- podrás parecer libre pero siempre atado a tus demonios internos.
b) Si por el contrario muestras arrepentimiento y enfrentas tus problemas siguiendo los lineamientos de la palabra de Dios respetando la ley del hombre - conservador y creyente –, alejándote de las adicciones que no son una enfermedad sino un vicio entonces serás, pese a estar detrás de las rejas, un hombre libre.
No puedo sino preguntarme de forma honesta ¿qué le paso a Zemeckis?, ¿dónde quedó esa persona que nos trajo películas comerciales de calidad como Volver al futuro, Náufrago y Los fantasmas de Scrooge?, ¿en qué momento su doble republicano quedó atrás de la cámara?
Preguntas que al ver esta película quedan sin respuesta.
“Ven a volar, vamos a volar, la aventura ha comenzado”
No es de dudar que esta película sea contendiente al Oscar, ya que cuenta con todos los elementos que la cursilería de la Academia estadounidense aprecia tanto y en la que sobresale la más importante: la moralina.
Así que si van a verla no esperen nada nuevo ni asombroso, salvo - como dije antes - la secuencia del accidente que es emocionante y bien lograda.
¡Ahhh!, casi lo olvido... La selección musical es simplemente perfecta de principio a fin, salvo un par de evidentes musicalizaciones que explican sin necesidad las escenas que han pasado frente a nuestros ojos.
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Saúl Arellano Montoro
Saúl Arellano Montoro. Editor, articulista y analista de cine. Es fundador de la revista electrónica CINEEN.COM. Fue creador y organizador del cineclub de cine mexicano del Museo de la Revolución. Impartió el modulo Crítica de cine del diplomado “Miradas sobre el Cine 2010” en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM. Participó como investigador de la sección de cine del libro “Centenario de la UNAM”. Organizó el 1er Encuentro de Crítica de Cine en México, en el marco del 1er Festival Internacional de Cine de Puebla 2010. Ha escrito en varias revistas nacionales especializadas en cine de 1998 al 2011. Sus reseñas, comentarios y fichas han aparecido en diversos títulos en DVD y Bluray.
Actualmente colabora en el “Noticiero 2da Emisión con Luis Cárdenas” en el 102.5 fm de MVS como analista en la sección de cine.