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El Máster, más de dos décadas en el ambiente de los sonideros

María Aranzazú Ayala 05/01/2014 15:45:31
El Máster, más de dos décadas en el ambiente de los soniderosEl Máster, más de dos décadas en el ambiente de los sonideros
Un legado musical que ha sido una pasión y una fuente de trabajo para Don Armando

Puebla, México.- ¡Eh, ah, eh, ah!.. La gente coreaba. Aunque no tiene tanto equipo ni tanta infraestructura, don Armando, conocido como el Sonido Máster, subió a la cabina y la gente le gritaba. Se acuerda y le brillan los ojos, la mirada ilusionada, los ojos castaños arriba y a la izquierda. Y la sonrisa. Los labios se mueven recordando esa alegría, el día que pese a los complots y a tener todo en su contra, dice, le ganó al mismísimo Sonido Fantasma, al gran señor César Juárez, considerado como el número dos en todo México en el ámbito sonidero.

Era el 31 de octubre de 2003, hace ya diez años de eso, pero don Armando lo atesora en su corazón como uno de los mejores momentos en toda su carrera de más de dos décadas en el ambiente de los sonideros –DJs de cumbia que llevan equipo de luz y sonido y dominan el micrófono, mandando saludos, interactuando con el público e invitando a la gente a bailar–.

Es uno de sus recuerdos más vivos, que parece palpitar entre sus palabras cuando lo cuenta, sentado en el comedor de su casa. Se acuerda y la orilla dorada de sus dientes brilla como sus ojos nostálgicos. Y es que ese logro no es cualquier cosa, haber ganado el Águila Dorada, pero más que eso haberse ganado a la gente. Una presea es una presea. Pero muy aparte de eso, el trofeo más grande que tenemos de esa experiencia... es que la gente nos apoyó garrafalmente”. Aquel día hace más de una década el Máster estaba acompañado por su familia, con su esposa y sus hijas, y también acompañado de todos sus seguidores para los que él vive, organizando eventos, bailes, promocionando a los grupos, estando cerca del público.

La primera vez que Don Armando tocó fue en la fiesta de una escuela primaria, una especie de tardeada. Él tenía que competir con el otro salón donde había música de moda, música disco, mientras él en el cuarto vacío acondicionado para improvisar una discoteca ponía cumbias. Y aunque ya varias veces había puesto música –pero como tal, llegar y poner los discos, rentando las bocinas y cuidando su equipo y sus acetatos- esta era la primera vez que lo hacía frente a desconocidos y que tenía que hablar a través del micrófono.

Por ahí del 85, medio recuerda don Armando, fue la primera vez que se presentó como Sonido Máster. En ese entonces él estaba con un grupo de cumbia y de vez en cuando tenía tocadas con ese tipo de equipo, poniendo discos de acetato. “Pero en ese entonces no tenía ni nombre ni nada, porque andaba yo con los grupos”.

Hasta que un día un profesor de la Federal 5 lo contactó a través de su hermano. Le marcó, que quería un sonido, y llegaron a un acuerdo. Con el hermano y otro amigo llegaron con su caja de discos de acetato –aunque de esos nomás usaban cinco, dice-, pero para apantallar. El chiste, dice, era llegar y como que, era mucha pieza para eso. Y se instalaron, empezaron a probar “sus chivitas” y los chamacos empezaron a asomarse al salón de proyecciones acondicionado, del tamaño de dos salones normales de clases. Don Armando estaba nervioso: aunque tenía la experiencia de andar con los grupos y siempre era el que tomaba la voz y la locución, como sonido nunca se había enfrentado directamente a un público así, con el que tuviera comunicación a través del micrófono. “Fue una experiencia bonita pero difícil”.

El salón, que competía con otro donde había pura música disco, se llenó. “Recuerdo que los hice que brincaran, que, que se agacharan, fue una experiencia muy bonita, bueno para mí. Y desde ese entonces, el profesor me preguntó que cómo se llama el luz y sonido, y yo le dije que se llamaba Máster”.

Fotografía: Marlene MartínezEl maestro, el legado

¿Cómo le ponemos carnal? El hermano de Don Armando le sugería puros nombres que a él no le convencían, todos con la palabra colombiano o colombiana, por la fuerte ola de música tropical de Colombia que impactó en Puebla en esos años. Pero había un grupo de música ochentera que se llamaba Master band, lo que don Armando traduce como “banda maestros”, de la Colonia La Libertad, que a él le gustaba mucho. “Yo dije banda, obvio no soy banda, soy sonido. Sonido Máster. El nombre corto, el significado fuerte y fácil de entender y de grabar”.

Y hace casi 20 años don Armando dijo que si Dios le daba la oportunidad de que el sonidero creciera iba a dejar un legado a alguien, además de ser un maestro que da una enseñanza. “Y creo que sí lo estamos logrando, parte de las ideas”, la prueba de que hasta nuestros días y desde que nació ha estado, fuerte, el Sonido Máster.

Los inicios

Inevitablemente Don Armando Cuautle iba a terminar en el mundo de la música. Cuando se acercaba el seis de enero, día de los Reyes Magos, siempre les pedía instrumentos. Eso por la influencia de su abuelo, que también era músico, y después terminó en el grupo, tocando el bajo y a veces también cantando. Lo que pasa es que la música uno ya lo trai desde chiquito.  Yo desde pequeño me gusta la música, siempre me gusta la música.

Sus abuelos eran músicos, y él empezó a aprender en una iglesia, “con unas madrecitas misioneras”, y después de ahí pasó a coros, a rondallas, a tríos y a diferentes agrupaciones, pero llegó al sonidero atraído por su espectacularidad. A él le llamaba mucho la atención  lo que en ese entonces se llamaba luz y sonido: el espectáculo que incluía la música que se convertía no sólo en las canciones sino en un show completo con luces y con equipo. Esa es una de las esencias de los sonideros, además de tener un contacto directo con el público utilizando  la voz, el micrófono, enviando saludos, invitando a bailar, presentando las canciones. Sin el micrófono no es un sonidero, sin el DJ compartiendo de manera lineal con los asistentes, en un mismo plano horizontal, alejándose de la idea del músico por encima de su público.

El Máster iba a donde tiraban la basura y se llevaba los faros de coche, los redondos, y los abría con mucho cuidado y atrás les metía un foquito de serie. Primero se llevaba el tornamesa de su casa para poner sus discos de acetato. Recuerdo que mis papás me regañaban, dice y se ríe acordándose de sus travesuras, de su carrera en los sonidos que empezó hace dos décadas.

Entrega total

Don Armando no se limita sólo a tocar y ya. También apoya a varios grupos de cumbia, los ayuda a darse a conocer y a conseguir fechar para presentarse –él en sus inicios fue parte de un grupo, grupero, dice-, es el organizador oficial de la representación poblana para la peregrinación sonidera a la Basílica de la Virgen de Guadalupe desde hace 12 años y también tiene el programa de radio por internet “Sonideros de Corazón”, que inició en Estados Unidos y ahora tiene desde hace poco más de un año una sucursal en Puebla, transmitiendo en vivo desde una casa particular cerca del estadio Cuauhtémoc.

Su trabajo es a la vez su pasión, y está consciente de que eso no le pasa a todas las personas. A él la música además de dejarle grandes satisfacciones emocionales también le permite tener un ingreso para vivir, para mantener a su esposa y ayudar a sus hijas y a sus nietos.

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