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Baños de Vapor, una práctica ancestral en México

Víctor Arellano 16/02/2014 22:35:07
Baños de Vapor, una práctica ancestral en MéxicoBaños de Vapor, una práctica ancestral en México
Era un ritual familiar que hoy en día ha sido sustituido solo con tener una regadera en casa
Fotografías: Pablo Spencer

 

 

 

 

El baño, la limpieza, la higiene personal era una práctica cotidiana de los habitantes del México prehispánico, mientras que los conquistadores españoles eran todo lo contrario, hay que pensar en esos soldados incultos, ignorantes, cubiertos de ropa y de protecciones de cuero y de metal, en el olor que despedían faltos de baño, dados a la higiene relajada.

El baño de temazcal, una variante del baño ruso y del turco, cuyo principio activo es el vapor más el uso de algunas hierbas medicinales, no solo tenía un carácter de higiene personal, sino también facetas espirituales.

Producto del sincretismo, del choque de la cultura prehispánica con la española, las costumbres sanitarias, relacionadas con el baño, han cambiado en el México actual, el temazcal ya no es un baño común, la costumbre de acudir a los baños públicos está prácticamente desaparecida, los mexicanos hacen sus abluciones diarias en la soledad de sus casas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En Puebla, hasta la segunda mitad del siglo pasado, la gran cantidad de fábricas textiles produjo sanas costumbres como el uso de la bicicleta y la visita familiar -un día por semana- al baño público, ya que muchos obreros textiles, debido a las características de su trabajo, tenían contacto manual con grasa, misma que únicamente se eliminaba de la piel en el baño de vapor; así que era común ver a las familias, normalmente los sábados, acudir a los baños públicos armados de cubetas que contenían una piedra lisa de río para limpiar a fondo la piel, jabón, estropajos, alcohol para la friega posterior y toallas, era común ver a las damas de todas las edades que salían del baño con una toalla enredada en el cabello. Grandes y chicos crecieron con el baño semanal. 

Con el paso del tiempo aparecieron, no se sabe cómo ni cuándo, las tertulias en los baños, durante años muchos poblanos se reunían todos los días o días determinados en los baños públicos para disfrutar de charlas, ejercicios, bebidas, incluso alimentos, en el vapor de algunos baños públicos, costumbre que, desgraciadamente, ha ido desapareciendo como ha pasado con las tertulias de los cafés.







 

 


Hasta fines del siglo pasado, había una gran cantidad de baños en la ciudad de Puebla y en muchas de sus poblaciones.

En primer lugar, los poblanos visitaban los baños más cercanos a su domicilio, poco a poco algunos iban buscando los baños que respondieran a sus gustos y aficiones, pero, sobre todo, donde estaban los amigos, donde se realizaba la reunión de amigos.

No sabemos quién fue el primero que decidió que para paliar los daños que produce la terrible cruda, después de una noche de tragos y desvelo, el baño de vapor era la solución y lo recomendó como tratamiento. Poco después se agregaron las cervezas, los cocteles de camarón y otros alimentos que extrañamente se consumían a la vez que se bañaban, acciones que aparentemente son antípodas, son contrarias.

 

 


La ciudad de Puebla ha sido conocida por sus aguas sulfurosas que brotan naturalmente en al menos tres puntos determinados, el primero en donde está asentado el balneario de Agua Azul, el segundo en la zona de Rancho Colorado y el tercero sobre la céntrica Avenida Juárez, en donde hasta hace unos años estuvieron los baños San Sebastián, en donde se podía disfrutar de las tan apreciadas, en Europa, aguas termales. Hay que señalar que las aguas sulfurosas las tenemos gracias a que estamos rodeados de volcanes, pues su origen está ligado a los volcanes.

Cerca, sobre la Avenida Juárez, aprovechando las aguas maravillosas de este manantial sulfuroso, estaban dos baños, los de San Juan y los ya mencionados San Sebastián, ambos por razones urbanas e inmobiliarias, fueron cerrados y los terrenos convertidos en espacios habitacionales y comerciales. Cerca de estos dos baños estuvieron, hasta hace unos meses, los baños del Paseo, que no utilizaban agua sulfurosa a pesar de su cercanía con el referido manantial.

Estos tres baños ofrecían tinas de agua caliente en su servicio individual, que eran una delicia. Durante algunos años se les llamó placeres y hacían honor a su nombre. Aquí hay que señalar que normalmente los baños públicos ofrecían dos servicios: general e individual. El general ofrecía baño turco (calor seco), ruso o vapor y regaderas; y el individual era un espacio pequeño con vapor y regadera. Ambos servicios se complementaban con aseadores de calzado, masajistas, mandaderos, bañeros que proveían las sábanas con las que se secaban los usuarios, peluquería y en algunos casos personas que planchaban el traje o la camisa.


 

Algunos de los baños más famosos de Puebla son: La estrella, San José, La merced, Señorial, Papaqui, Santa Bárbara, Los delfines, del Paseo, San Sebastián, San Juan y San Francisco.

En las instalaciones de los baños o en sus alrededores, se expendían bebidas y alimentos tradicionales, por ejemplo las pollas -bebida de leche, jerez y huevo-, que se considera reconstituyente para reponerse del agotamiento que produce pasar un buen tiempo dentro del ruso sudando; todo tipo de licuados y jugos, antojitos como memelas, mole de panza, mole de olla, picantes para los crudos, barbacoa, consomé de borrego, tortas, tacos, semitas, tamales, atoles, café, carnitas de cerdo, refrescos y cervezas.

El baño era un ritual familiar, se iba una vez a la semana al baño público y esa limpieza a fondo debía servir para una semana. Era común ver salir de los baños públicos al padre, la madre y los hijos rechinando de limpios, brillosos por la crema y olorosos a jabón, durante muchos años muchas familias poblanas tenían en sus hogares excusado y lavabo, pocas tenían regadera, pero aunque la tuvieran, era una costumbre ir al baño público y darse un buen vaporazo. Porque es sabido que el vapor limpia los poros de la piel a fondo y si acabando el baño se da uno una buena friega de alcohol, además de que cierra el poro, relaja sabrosamente.  

Era común ver a usuarios de los baños durmiendo en los divanes que colocaban en el área de vestidores, envueltos en una sábana, reposando el baño.

Esto ha cambiado, como cambia todo, la gran mayoría de los poblanos se baña en su casa o en los clubes deportivos, cada vez son menos los poblanos que gustan del baño de vapor, muchos no tienen tiempo para dedicarle una o dos horas al baño prolongado, ahora con un regaderazo basta para vivir.

 Cada vez hay menos baños públicos, han cerrado algunos legendarios, la modernidad llega a nuestras calles y a nuestras vidas, sin embargo, de vez en cuando, un prolongado baño en un baño público, en la zona general o individual, es gratificante y nos cambia la perspectiva de la vida, sobre todo si después desayunamos algo de lo mucho que nos ofrecen los lugares que regularmente rodean a los baños públicos.

¡Salud y que sea para bien, provecho!

Fotografías: Pablo Spencer

 

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