En poco más de cien años el jazz está ya sonando en, prácticamente, todos los rincones del mundo. Si hay matrimonios afortunados, el del jazz con casi todos los ritmos del mundo lo ha sido, de tal manera que es hoy patrimonio universal, las viejas corrientes con jóvenes jazzistas suenan como si hubieran nacido ayer. Ritmos, instrumentos, músicas folclóricas, culturas, se han fusionado con el jazz y, cosa rara, no ha dado lugar a un nuevo género musical, no, es jazz, porque la estructura rítmica, melódica y armónica, la síncopa, están ahí, aunque pueden estar lejos del dixieland o del swing, pero es jazz, con y sin adjetivos.
La disquera Putumayo que nació para difundir las músicas del mundo, ha publicado una buena cantidad de discos de jazz, tanto en estado puro, como en fusiones, en el año 2009 publicaron el disco Jazz around the world, una recopilación de jóvenes jazzistas de países tan diferentes, y geográficamente lejanos, como Canadá, Francia, Cuba, Camerún, Guinea, Senegal, Estados Unidos, México, Nueva Zelanda, Mali, Panamá y Sudáfrica.
El disco contiene composiciones propias de los grupos presentados y versiones de estándares de jazz con nuevos tratamientos, lo cual hace muy interesante el disco e ilustrativo de cómo andan los panoramas del jazz en países que jamás imaginamos iban a caer hechizados por el maravilloso ritmo afroestadounidense. Son once cortes, once maneras muy diferentes, y tan iguales, de enfrentar el jazz, con diferentes instrumentos, diferentes percusiones, sobre todo percusiones, pero todos dentro de ese gran concepto universal que es el jazz y que se ha fusionado con naturalidad en América, África y Asía y con algún trabajo, pero con mucho éxito, en Europa, cuna de la música occidental moderna.
México está representado por un cuarteto de jóvenes de Guadalajara, llamado Sherele, que hace música klezmer, es decir la versión judía del jazz, con aires gitanas, música que suena emparentada con la que ejecuta Paté de Fuá en México y Moka Café en Alemania, mientras que en la Europa Oriental abundan los ejemplos, como es el caso de la Budapester Klezmer Band y la Amsterdam Klezmer Band. Los diez cortes restantes exploran por otros rumbos del jazz, como es el caso de la sorprendente cantante cubana, Niuver, avecindada en París y que tiene algunos años trabajando con el también cubano Raúl Paz y presentándose con mucho éxito con su propuesta jazzística más cercana al be-bop afroestadounidense, que al jazz latino afrocubano.
Aunque a mí particularmente no me gustan los discos que presentan recopilaciones o antologías, este disco me parece especialmente recomendable para conocer básicamente el jazz que se hace en países donde generalmente no se hace jazz, o se hace poco, buscar sus discos y conocerlos más a fondo si es que alguno llama más la atención. Por supuesto que para este disco, y supongo que lo hace en todos sus discos recopilatorios, Putumayo escogió lo que consideró mejor de cada grupo o artista, criterio que podemos o no compartir, pero lo realmente valioso es que en Internet pude conocer más composiciones, interpretaciones, que nos permiten conocer más a fondo su trabajo jazzístico y, sobre todo, comprobar que el jazz llegó para quedarse, crece día a día y ha permeado en, prácticamente, todos los países del mundo. Disco interesante si los hay.