LOS PRINCIPALES columnistas políticos se van de vacaciones. Hacen bien. Ojalá pudiera hacer lo mismo. Nos dejan el encargo de vigilar el país y evitar que siga rodando en una pendiente cuyo destino final horroriza. En aquellos años de paz y tranquilidad, cuando se disfrutaban las posadas cacahuateras, sumándonos al canto de los peregrinos que pedían posada y provocaban alegría al abrirse las puertas y seguía el reparto de aguinaldos, el pueblo olvidaba sus problemas y se tomaba de las manos. Las vecindades eran el espejo de contrastes. Los chismes nacían al amanecer de cada día. La señora del 3 reñía con la del 6 y la intervención de sus respectivas familias llegaba al borde de una batalla campal. Ni muertos ni heridos. Pleito verbal con tantos gritos que parecía el coro de indignados.
Pero cuando una familia sufría una desgracia, la solidaridad era conmovedora. Las manos se juntaban formando el círculo de la amistad. Las posadas, la Nochebuena y el Año Nuevo eran el colofón de esa unión.Continue Reading